Mamá a bordo
Algún día tendré unos “Manolos”
Y ese día echaré la vista atrás y recordaré mis primeros Latouche, que parecían hechos a posta para mi vestido de gala de fin de carrera. Aquéllos que me hicieron descubrir que no, zapato de tacón no tiene por que ser igual a incómodo. Y recordaré mi historia de amor con las divinas hormas de Sara Navarro. Ese zapato maravilloso que me acompañó sin quejarse ni molestar ni un ápice durante todo el día de mi boda, elevándome con su taconazo un poquito más cerca de la cabeza del novio, muchos, muchos centímetros más alto que yo (excelente servicio post-venta, por cierto). Y las sandalias de la misma diseñadora que me permitieron no hace mucho tiempo seguir el paso de mi hoy marido y uno de mis amigos volviendo andando a casa después de cena y copas sin mayor incomodidad que la de tener que acelerar el paso a dos por tres para no perderlos de vista.
Y hablando de ayudar… os preguntaréis a santo de qué viene este rollo ahora… os lo cuento… viene a santo de que zapatos.org organiza un concurso en el que pretendo que este post participe y prometen regalarme un cheque de 200€ si resulto ganadora.
Y como una cosa son los gustos y otra los posibles, a mi temblequeante bolsillo le vendría bien ese empujoncito, que no me acercará mucho a Manolo Blahnik pero quizás me permita ofrecerles a mis exquisitos y delicadísimos pies otro par de zapatos capaces de elevarme hasta donde yo quiera. Así que ya sabéis, querid@s seguidor@s… no dejéis de votar por mi historia de amor zapateril (¡y no, no hablo de ESE Zapatero!) Ya os avisaré si llega el caso, por ahora no se puede votar…




{ 16 comentarios... leelos abajo o añade uno }
Yo mido 1,70 y casi siempre voy de bajos pero los tacones me encantan. Estilizan un montón y cuando te los pones no solo te sientes más alta, te sientes más guapa y más poderosa. Por eso a las mujeres nos encantan los tacones.
No sé como serán de cómodos unos Manolos, pero coincido contigo los zapatos de Sara Navarro son como zapatillas. Un beso.
Yo también tengo los pies delicados y no me emociona para nada calzarme unos “Manolos” ni unos “Pepes”.
Lo único que se requiere es que sean zapatos de calidad, con buen material que perfectamente se pueden encontrar en marcas de calzado mil veces mas accesibles que los Loboutin y compañía. Es como todo. Parece que somos y nos sentimos superiores por calzar o por vestirnos con determinadas marcas aunque nos queden fatal y si son extranjeras y supercarísimas de la muerte mejor que mejor. Me parece de una frivolidad y un materialismo patéticos, pero por desgracia es lo que hay.
bonita historia! me encantaría tener uno de cada de los que dices!!
yo debo ser de las pocas privilegiadas que se pueden poner cualquier zapato, que mis pies aguantan todo lo que le echen. Eso sí, los tacones no muy grandes que si no la planta se me queda echa polvo cuando los llevo mucho rato, pero ya te digo, los d emarca ni los miro, no necesito nada especial ni tengo ocasiones para ponérmelos.
Cuando me compro zapatos, miro en zapatareías que me pueda permitir y los que me gusten sin más.
P.D siempre dice mi suegra que una mujer bien peinada y bien calzada, aunque vaya vestida con una bata de estar por casa, ya esta lista para salir a la calle
Buff, yo tampoco los he tenido güenos como dice Elly. Lo más güeno, las gangas en Alicante, cuando eran de Alicante y no de China.
No me compraría nunca unos zapatos carísimos, pero sí los admitiría de regalo jajajajaja
Me has hecho recordar cuanto echo de menos ponerme unos taconazos ¡ya voy para casi 9 meses sin ponérmelos!
Yo soy de zapatos planos y no les hago mucho caso, pero tu historia me ha encantado. Yo también he oído maravillas de los Manolos, ojalá los consigas algún día y descubras que te encanta llevarlos puestos.
La verdad es que yo siempre he valorado más la comodidad que la estética en cuestión de zapatos. Quiero decir… JAMAS he tenido unos taconazos de impresión. Mis zapatos de novia eran hipermegacómodos, hipermegablanditos… para mi era como ir descalza. Tenían tacón, sí, pero no demasiado alto, y no demasiado fino. Sandalias, además, que aquel 19 de agosto hizo muuuuucha calor. No eran de ninguna marca en especial. Los compré en una tienda de zapatos de Illueca, localidad zaragozana donde nació mi padre y cuya economía depende en gran medida de las fábricas de calzado. Aquel dia desde luego esos zapatos no me fallaron.
Después… sólo miro que sean de piel-piel. Nada de sintético, por Dios, que se me recuecen los pies ahi dentro. QUe sean, a ser posible, de fabricación nacional. Y que sean cómodos nada más ponerlos. Un zapato que tenga que domar no me sirve, gracias.
Sin embargo… debo reconocer que cuando veo determinados zapatos… pienso: que bonitossssss… pero nada más. MIs tobillos no se pueden permitir taconazos.
es que la vida se ve distinta subida a unos buenos tacones, verdad? eso sí, siempre que sean cómodos, claro… un mal zapato puede ser una tortura china
El mejor post que te he leído, Elenita, ¿será porque compartimos afición?
Desde mi 1,54, imagínate… Pero más allá de eso, os cuento historia recentísima sobre pies y zapatos.
Mi desbocada celebración del Iniestazo (gol que nos dio el Mundial, no “ah!, ese decreto, sí”, como me dijo un ignorante que iba de chulito) tuvo como consecuencia una lesión en un pie que me tuvo casi cuatro meses convaleciente y, por supuesto, casi sin poder calzarme. El retorno a la vida en movimiento fue en plano, claro… ¡qué duro!
Algunos me conocéis y sabéis que soy siempre positiva, incluso en esas circunstancias, pero la verdad es que el día que pude volver a ponerme unos tacones -no sin miedo, lo confieso- la vida volvió a recobrar un color especial. Es esa seguridad de la que muy solapadamente habla Elena. Yo no perdí mi desparpajo por no llevarlos pero… como que el uniforme no estaba terminado, ¿verdad?
Ocho veces llevo, ocho, las voy contando. Hoy será la novena. Ahora los valoro mucho más, claro… 50 pares en el armario y todo el verano sin poder salir… snif… Este puente va a ser apoteósico!!!!!!!!!
Ni Carrie Bradshaw se podrá comparar contigo cuando lo tendrás puestos
Besos
Totalmente de acuerdo contigo, los zapatos son importantísimos y aunque mis pies son tan delicados que nunca he podido aguantar los tacones, eso no quita que no se me vayan los ojos hacia esos zapatos maravillosos que comentas. Siempre hay que tener muy en cuenta los zapatos a la hora de “pisar fuerte” por la vida.
¡Mucha suerte!.
Los zapatos te pueden cambiar hasta el humor. Porque te veas estupenda o porque vayas comodisima. Estoy totalmente de acuerdo con tu post! Suerte en el concurso!
Jamás he tenido unos zapatos de marca.
Y buenosbuenosbuenos, sólo he tenido unas botas en mi vida.
Aunque soy una artista en encontrar cosas cómodas entre las gangas, espero que consigas tus Manolos.
Suerte y un besico
Elly
Pies y Zapatos: amor en el suelo.
Mama a bordo como gran mujer y madre que es, se merece el premio para sus finos y delicados piececitos, un gran voto para ella.
me encantan los zapatos, entiendo lo que dices de que te hacen sentir diferente. ¿Cómo vas a sentirte igual con unas deportivas o con tacones de aguja?