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Zapatos de tacón

En mi barrio, la ropa se secaba en las fachadas de los edificios. Las señoras abusaban de la laca y los niños íbamos andando al cole. Solos. Solos y andando. Por el camino, de vez en cuando recibíamos una pedrada del típico abusón. Ahora lo llamaríamos acoso escolar o, los más modernos, bullying. Por aquel entonces, pasábamos de denominaciones: resolvíamos la cuestión devolviéndole el proyectil al idiota de turno y lavándonos la herida con un poco de saliva. Porque en esa época llorar era de gallinas y cuando la lagrimilla asomaba,
había que secársela rápidamente y mentir diciendo que se te había metido algo en el ojo. Y más tarde, en el recreo, a correr y a gritar como todos los días.

Por todo eso, en mi barrio, el complemento más importante de la indumentaria infantil eran los zapatos. Duros, con suelas de goma, para escapar rápidamente de los ataques inesperados o para atrapar al que se metiera contigo. En caso de lluvia, nunca faltaban las imprescindibles katiuskas. Las que las madres nos compraban porque eran impermeables, pero que al final del día, por la falta de transpiración del plástico, nos dejaban los pies más mojados que si los hubiéramos metido directamente en un charco.


En medio de aquel gris panorama de suelas de goma y soluciones de trote para un clima lluvioso, los zapatos de gitana de Liliana parecían relucir a quilómetros de distancia. De repente, ella se convirtió en el centro de atención de la chavalada masculina y, como era de esperar, los tacones comenzaron poco a poco a sustituir a las botas de siete leguas en los pies de muchas otras chicas. Fue el adiós a la infancia de las chiquillas de mi generación. Por eso todavía hoy, con el paso de los años, cuando pienso en zapatos de tacón recuerdo los de Liliana como mis zapatos de tacón preferidos.




{ 6 comentarios... leelos abajo o añade uno }
Muchísima suerte con tu relato! Está genial escrito
Un besito
Preciosa historia, y genial manera de contarnos como la ropa nos recuerda momentos especiales de nuestra vida.
Es una historia muy bonita , hace reflexionar sobre todo lo que un simple zapato puede significar!
Es genial…no tiene desperdicio y encierra toda una filosofía.
¡Mucha suerte!
¿Qué voy a decir yo de los relatos de María? Me encanta como escribes, ya lo sabes.
Mucha suerte con tus zapatos de gitana!!!
Muy buena historia¡¡¡
Bien contada y genial escrita¡¡¡ Tan real como la vida misma¡
Enhorabuena¡¡ Yo te daría por ganadora¡¡
Besetes